HISTORIA DE LA HERMANDAD DE LA SANTA VERACRUZ Y NUESTRO PADRE JESÚS EN LA COLUMNA

Autor: Miguel Forcada Serrano

www.lacolumnapriego.es

 

 

FUNDACIÓN DE LA H DJESÚS EN LA CO

TERCERA PARTE

 

LA COFRADÍA Y LA HERMANDAD ENTRE 1642 Y 1750

 

 

CAPÍTULO 7

 

DISTRIBUCIÓN DE FUNCIONES ENTRE COFADÍA Y HERMANDA

 

7.1.- EL MARCO HISTÓRICO.

 

            La etapa histórica que transcurre entre 1642 y 1750 se caracteriza por un primer periodo de decadencia   en lo político y económico y un segundo periodo de estabilidad y progreso.

            La fundación de la Hermandad de la Columna se produce mediado el reinado de Felipe IV, que estuvo marcado por la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) y por la continuación posterior de la guerra contra Francia hasta 1659, que supone el debilitamiento de España como potencia dominadora en Europa y el comienzo de la hegemonía francesa.

            Se produce después la regencia de Mariana de Austria y el fatídico reinado de Carlos II (1665-1700) marcado por las rebeliones de Cataluña y Portugal, que consigue la independencia en 1668, y por los movimientos de liquidación de la dinastía de los Habsburgo.

            Instaurada la de los borbones , Felipe V (1700-1746), consolida su reinado frente a los partidarios del Archiduque Carlos, no sin antes verse obligado a abandonar la capital del Imperio en dos ocasiones. Al terminar la Guerra de Sucesión con la Paz de Utrecht (1713), España pierde sus posesiones en Europa pero comienza un periodo de calma con baja actividad militar si comparamos con los siglos anteriores, que se extiende a lo largo de los reinados del primer Borbón y de sus sucesores Fernando VI (1746-1759) y Carlos III (1759-1788).

            Para la evolución social y económica podemos mantener la división en dos periodos que hemos señalado en lo político. En la segunda mitad del XVI – tras el periodo floreciente de la conquista y colonización de América –   había comenzado la decadencia económica española, cuyas causas principales fueron el desgaste de las continuas guerras y el mal gobierno de un imperio cuya inmensidad hacía muy difícil una buena administración que ni Felipe II ni sus sucesores supieron realizar.

La centuria del seiscientos será pues una sucesión de desastres   en el campo de la economía. El imparable proceso inflaccionista lleva a las crisis monetarias de 1641 y 1660 y por último a la catástrofe económica que tiene su año clave en 1680. A los factores ya señalados se unen ahora otras causas, entre ellas la meteorológica; las inclemencias del tiempo azotaron la península y especialmente Andalucía; años de grandes tormentas e inundaciones eran seguidos por largos periodos de sequías e incluso un gran terremoto, con epicentro en Málaga causó destrozos en toda la región. Una verdadera crisis de subsistencia con el pan a precios inalcanzables para la mayor parte de la población provoca en varias ocasiones mortandad por hambre en las dos últimas décadas del siglo.

            El comenzar el siglo XVIII, el reformismo borbónico pondrá las bases para un nuevo desarrollo económico, aunque seguirán padeciéndose periódicas crisis de subsistencia. Las nuevas industrias, promovidas por el Estado o de iniciativa particular convivirán con las tradicionales que se refugian   o se mantienen en pequeñas poblaciones. En concreto la industria de la seda, arraigada en las zonas de predominio morisco, podían competir con los productos de otros países gracias a la calidad y bajo precio de su mano de obra.

            En el más estrecho marco de la localidad, los sucesos políticos y la evolución económica de la nación se reflejan con gran paralelismo. Los llamamientos a los dirigentes locales para que envíen soldados para participar en las guerras son continuos pero en la villa se dan algunos pasos para una mejor organización de la sociedad; así, en 1646 se funda el Hospital y convento de San Onofre dotado con 12 camas y atendido por 6 religiosos. En 1659 se funda un convento de franciscanos descalzos   - con la oposición de los observantes del convento de San Esteban – que poco después se trasladan a la ermita de San Pedro, donde pronto promoverán el comienzo de la gloriosa etapa del barroco prieguense.

            La población sufre epidemias de peste en 1651 – provocando la fundación de la cofradía de la Rogativa – y otra muy grave en 1680, año en el que el terremoto de Málaga destroza en Priego parte del edificio de la cárcel. 61 En los últimos años del siglo en la población se registra una gran actividad constructiva: obras en San Francisco, San Pedro y San Juan de Dios, reedificación de la antigua Fuente del Rey...

            En los comienzos del XVIII los prieguenses participan intensamente en la Guerra de Sucesión tomando el partido de Felipe V, quien posteriormente   y por esta ayuda, otorgará a la villa de Priego el título de “Muy noble y muy leal”.   En varias ocasiones se pide la restitución de la administración de las alcabalas y en 1709 se elige a la Purísima Concepción patrona perpetua de la villa. Continua la actividad constructiva tanto religiosa como civil   situándose el centro de la población en la plaza de la Puerta del Agua (Actual Plaza de Andalucía).

            En los aspectos económicos, el abusivo sistema del marquesado y el pago de las alcabalas van a incidir negativamente en todo el periodo impidiendo el desarrollo económico de la población. La guerra con Portugal perjudica la exportación de manufacturas de seda y a partir de 1676 las malas cosechas llevarán el hambre a la población. La crisis económica de alcance nacional se deja sentir en Priego aunque a partir de 1681 se aprecia una mejora de la situación. En la primera mitad del XVIII se producen crisis de subsistencia como la ocurrida en 1735 en la que se llegó a afirmar que muchos vecinos no comían sino yerbas. 62 No obstante, la situación económica de la villa no es mala en este periodo, gracias sobre todo al nuevo empuje del sector textil. A mediados del XVIII la villa de Priego “era la segunda en el volumen de población de la comarca   y la primera por su actividad industrial”. 63 El 22,5 por ciento de la población activa se ocupaba en la fabricación de tejidos de seda y la población alcanza los 11.616 habitantes. 64 Sólo esa buena situación económica, unida al fervor de los cofrades, pueden explicar que en una pequeña población perdida en el sur de Córdoba se produjera el milagro del barroco prieguense, cuya gestación alcanzó todo el siglo XVIII.

 

 

7.2.- LA COFRADÍA Y LA HERMANDAD. DISTRIBUCIÓN DE FUNCIONES.

 

            Desde la fundación de la Hermandad de Jesús en la Columna hasta el final del periodo que nos ocupa, Cofradía y Hermandad van a convivir como entidades distintas aunque de alguna forma integradas en un proyecto y en una actividad común. Para entender cómo se desarrolló esa difícil convivencia   de dos entidades, que exigía una perfecta coordinación o una minuciosa distribución de funciones, vamos a comenzar por comparar las Constituciones que regulaban el funcionamiento de ambas.

            La Vera Cruz nació como una   cofradía en la que no se limita el número de hermanos, mientras que la Hermandad de la Columna limita el número de sus componentes a 72 en su primera intención pasando después a 87 y definitivamente a 105, según el artículo 1 de sus Constituciones. Dado que todos los miembros la Hermandad deben pertenecer previamente a la Cofradía , aquella se constituye como un grupo de “selectos” que van a asumir un compromiso nuevo y mayor, sin dejar el cumplimiento de sus obligaciones con la Cofradía.

            Esa limitación del número de hermanos obliga a regular perfectamente el procedimiento de admisión. Si en la cofradía se entra a petición propia, en la Hermandad , una vez constituida, sólo se entrará si se es elegido por los que ya están en ella aunque esta elección se hará de entre los que lo hayan solicitado. Este procedimiento y la prohibición expresa de aumentar el número de 105 hermanos, creará problemas a la Hermandad ya que sólo se admiten nuevos miembros cuando hay plaza vacante por fallecimiento o por expulsión de algún hermano.

            Ese “límite de plazas” será todavía más problemático en el caso de los clérigos. Las Constituciones afirman que sólo habrá dos sacerdotes entre los   105 hermanos, norma que será presionada hasta incumplirla pocos años más tarde con la admisión de hasta 14 sacerdotes.

            Dado que los 105 hermanos han de repartirse todos los cargos o trabajos en la Hermandad y que cada uno entra con un cometido concreto a realizar, se establece un sistema de “jubilaciones” pues una persona impedida de cumplir su cargo por ser muy vieja o estar enferma, no debe ser expulsada. La jubilación puede ser parcial y entonces los demás hermanos realizarán las funciones del jubilado, o total y en ese caso se elegirá un nuevo hermano. Esto quiere decir que contando a los jubilados la Hermandad ssí superaba el número de los 105.

            Las Constituciones de la Hermandad eliminan parte del sistema de “multas” que regían en la Cofradía , pero endurecen el control de los aspectos económicos detallando claramente las responsabilidades del depositario que debe dar cuenta de ingresos y gastos poniendo de su bolsillo las cantidades de posible déficit no justificado; si se detectan irregularidades económicas se llevará al depositario o al causante de las mismas ante los tribunales de justicia.

            Aunque la Cofradía de la Vera Cruz celebraba sus principales cultos el Jueves Santo, la misa semanal se decía el viernes, según el artículo 8 de sus Constituciones. La Hermandad de la Columna en cambio fija el jueves como día de la misa semanal, lo que con el tiempo se impondría, haciendo del jueves   el día “columnario” por excelencia.

            La Hermandad también mejora las prestaciones que se ofrecen en el momento de la muerte de un hermano. Si los cofrades acompañaban con velas en el entierro, la Hermandad prácticamente “gestiona” todo lo necesario como una verdadera funeraria: llevan a la casa del difunto bufete, paño, cera y pendón, etc. Algo similar ocurre con las misas que se dicen por el hermano fallecido; mientras que la Cofradía ofrecía 15 misas (Artículo 12), la Hermandad ordenará decir hasta 30, que todavía serán ampliadas   posteriormente.

            Pero lo más interesante de las primeras Constituciones de la Hermandad es la claridad con la que se definen las nuevas instituciones. Fundamentalmente son dos, pero ambas se mantendrán y llegarán a ser distintivo columnario frente a otras Hermandades.

            La primera es el Prendimiento, cuyo argumento y forma de realización se describen en el artículo 4 por lo que podemos afirmar que actualmente se representa de forma muy similar a como se hacía en los primeros años, es decir, desde 1642 o al menos desde 1674. La segunda iniciativa regulada por las Constituciones es la de las Fiestas de Mayo; aunque no se regula con tanta exactitud como el Prendimiento, el artículo 5º sugiere motivos y ofrece las líneas básicas que se han seguido desde entonces. De ambas instituciones se hablará extensamente en los próximos capítulos de este libro.

            También es la Hermandad la que toma la iniciativa en las relaciones con las otras cofradías locales en asuntos tan importantes como la creación del escuadrón o la regulación del protocolo en los momentos en que varias de ellas concurren a la vez en fiestas o entierros.

            Por su parte, la Cofradía mantiene otros campos de actuación en los que la Hermandad aparece sólo como colaboradora. Por ejemplo el de la construcción de la capilla, promovida y financiada por la Cofradía aunque los miembros de la Hermandad tienen a gala el haber contribuido con 800 ducados para aquella obra. La procesión también es organizada por la cofradía si bien es fácil suponer que la imagen de Jesús en la Columna robó desde el principio todo el protagonismo a la Vera Cruz.

            En suma, las relaciones entre Cofradía y Hermandad debieron ser realmente fraternales pues en la muy extensa documentación que contiene el archivo de la actual Hermandad, no se hallan vestigios de enfrentamientos entre ambas instituciones. Será en el siglo XIX cuando la Cofradía decaiga hasta el punto de “perderse” en el seno de la Hermandad.

           

7.3.- ASUNTOS DE RÉGIMEN INTERNO ENTRE 1642 Y 1750.

           

7.3.1.- LA ADMISIÓN DE NUEVOS HERMANOS.

 

El sistema de admisión de hermanos, basado en la elección por votación realizada por los directivos y los miembros de la cuadrilla en la que faltare un hermano por fallecimiento, ausencia o expulsión, va a ser uno de los primeros asuntos que crearán problemas a los hermanos columnarios. Puesto que no puede aumentarse el número de hermanos sobre los 105 inscritos desde la fundación, muchas personas que lo desean deben esperar años para entrar en la Hermandad. A la larga, el límite de plazas se verá sobrepasado y habrá que reformar las Constituciones.

                Además, los solicitantes eran examinados según prevén las Constituciones y no se admitía a quienes no cumplieran determinados requisitos de raza, oficio y costumbres. Como ejemplo, y aunque esos detalles no se escribían en las actas, digamos que consta en cabildo de 9 de Marzo de 1731 que la admisión de varios hermanos se hace “Informándose de que son personas limpias de toda mala raza y cristianos viejos...”   65        

Tras la constitución oficial de la Hermandad y en el mismo año de 1674 se pone a prueba el sistema de admisión. Juan de Ortega, ciego, se presenta con una carta de recomendación del Abad de Alcalá la Real que pide se le admita, aceptándolo así los hermanos en la primera vacante que se produce tras la petición.   La siguiente reunión de la Junta de Gobierno se convoca para debatir la forma de admisión de los hijos de los hermanos fallecidos; algunos pretenden entrar en el puesto del padre de forma automática y sin que medie votación alguna, pero el cabildo decide que se abra un libro de solicitantes o pretendientes, que no pueda elegirse a nadie que no esté inscrito en ese libro y que se mantenga la elección por votación, de manera que se pueda elegir para sustituir a un hermano a otra persona aunque un hijo haya solicitado la plaza del padre.     La interpretación del artículo 16 de las Constituciones en el que parece aceptarse un cierto automatismo en que un hijo, siempre que esté casado, ocupe la plaza del padre, será objeto de ulteriores debates; así, en el cabildo realizado en la ermita de San Antonio   en 1675 haya gran tensión y dos hermanos que abandonan la reunión dando voces por haberse admitido a Pedro Baena en lugar de al hijo de Lucas de Gámiz que acababa de fallecer. El Hermano Mayor mantiene su criterio de que prevalezca la elección por votación de entre todos los solicitantes y el sistema parece consolidarse en los cabildos siguientes. Este era el procedimiento: Se reúnen bajo la presidencia del Hermano Mayor, los hermanos que ostentan cargos directivos y los miembros de la cuadrilla en la que hay una plaza vacante; de entre los inscritos en el libro de solicitantes, se realiza una votación y se elige al que se considera más apto; se llama inmediatamente al elegido, se le leen las Constituciones y si las acepta – como así ocurre normalmente – se le admite como hermano y se le inscribe en el libro correspondiente.

            El sistema funciona hasta que en 1684 surge un nuevo y, esta vez, grave problema. El sacerdote Francisco Muñoz de Ribas pide se le admita en la plaza de su padre, Juan Muñoz, a quien la Hermandad había jubilado a causa de que por su edad y sus achaques no podía cumplir sus obligaciones. Se le niega la entrada argumentando que las Constituciones mandan que en la Hermandad no puede haber más que dos sacerdotes, el Hermano Mayor y su teniente estando ambas plazas cubiertas. Pero Francisco Muñoz interpone demanda ante el Vicario General de la Abadía quien envía un auto ordenando se le reciba por hermano. La Hermandad envía a dos emisarios a la Abadía para demostrar que las plazas de sacerdotes están cubiertas y que no son compatibles con las de los seglares, en las que no se admite sino a seglares. Tercia entonces en el pleito José Muñoz de Rivas, quien, no sabemos si alentado por su hermano o por la Hermandad que al final se beneficiará de su intromisión, solicita también la plaza de su padre. Tampoco se le admite, alegándose en este caso que José Muñoz pertenece a la Hermandad de la Rogativa lo que está prohibido en las Constituciones.

En la defensa de la Hermandad por este último caso se aportan argumentos de gran interés al pedirse al provisor de la Abadía que esté “atento a que divirtiéndose los hermanos a otras Hermandades   de obligaciones de entierros y pagas de limosnas de misas, con la multiplicidad de cargas no podrán, mayormente en la miseria de los tiempos presentes, asistir a las precisas, divirtiéndose de las de una en otra (Hermandad) y en las voluntarias limosnas seguirán o su inclinación o la novedad con menoscabo de aquella Hermandad a que no se inclinan, causa experimentada de haber venido en quiebra las cofradías por admitirse a todos en todas, lo cual se debe prevenir no suceda en esta Hermandad   cuya conservación se espera sea permanente...” 66     Pese a los argumentos esgrimidos, la abadía emite sentencia ordenando a la Hermandad , bajo pena de excomunión,   que admita a uno de los dos hermanos, según prefiera la Hermandad. Esta decide admitir   a José Muñoz de Ribas, pero no en la plaza de su padre, que ya estaba cubierta, sino en otra vacante. Con esta inteligente decisión la Hermandad mantiene aparentemente su normativa ya que no entra el sacerdote por no haber plaza y entra el seglar pero no en la plaza de su padre. Pero los sacerdotes debieron tomar nota del “ socavamiento ” de las Constituciones que suponía la sentencia,   al ordenar que se podía recibir a Francisco Muñoz, sacerdote, cuando las plazas señaladas por las Constituciones para ellos, estaban cubiertas.

            En consecuencia, los problemas derivados del sistema de admisión de hermanos y del número cerrado de plazas, no iban a cesar. Solo tres años más tarde, en Septiembre de 1689, se plantea de nuevo el tema. Es esta vez la propia Hermandad, aunque no sabemos si cediendo a presiones de los muchos clérigos que entonces había en Priego, la que solicita al abad, Pedro de Toledo Osorio   que permita aumentar a 15, más 3 capellanes, el número de sacerdotes con plaza en la misma. Aprovechando la ocasión se propone también que se puedan admitir por hermanos a los que lo fueren de otras cofradías, anulando los artículos de las Constituciones y otros decretos que lo prohiben.          Con la aceptación de estas peticiones por el abad se eliminan obstáculos para la admisión de hermanos, se supera de hecho el número de 105 para los miembros de la Hermandad y   se crea una cuadrilla especial sólo de sacerdotes. Los primeros componentes de la misma serán los siguientes: junto al hermano mayor, que entonces lo era Antonio Hurtado Roldán y a su teniente, Bartolomé Roldán del Puerto, se admite a Felipe de Ojeda y Vega, José Edraz , José Carrillo Muñoz, Juan Díaz Zamorano, Francisco... González,   ... de Arroyo, José Nuñez de la Cerda , José Parral, José Pareja Gámiz, Cristóbal Gutiérrez Pareja, Francisco Páez Centella, Bernardo Jacinto de Ortega, Francisco Sánchez Espinar, José Ruiz Maldonado y José López de Cabra. En las plazas de capellanes entran Juan Ariza del Aguila, Juan Parral y Fernando Carrillo de Gámiz.

            Probablemente la entrada de tantos sacerdotes solucionó algunos problemas relativos a los cultos, pero creó otros, pues los sacerdotes comenzaron pronto a exigir privilegios sobre los demás hermanos. Por otra parte, estos perdieron protagonismo y para demostrar esta afirmación baste decir que a partir de 1699, o tal vez antes, todos los apóstoles del Prendimiento serán sacerdotes. Estos por su parte iban a seguir enrando en la Hermandad incluso superando el número de doce; en el año 1700 piden entrar otros seis sacerdotes con licencia del Abad y la Hermandad , que sospecha que una vez dentro plantearán más exigencias, los admite con la condición de que no pretendan que se les dé plaza para madre, hermana y otras personas. Un mes antes que estos sacerdotes había sido admitido nada menos que el Abad de Alcalá la Real , D. Diego Castell Ros de Medrano , que había escrito personalmente una carta pidiendo la admisión. 67       Entrado ya el siglo XVIII van a producirse con frecuencia expulsiones de hermanos, siendo la causa más frecuente el no cumplimiento de sus obligaciones, entre ellas el pago de las cuotas anuales o por difuntos. En 1728 se expulsa a Pedro Carrillo por negarse a llevar el gallardete en la procesión del Jueves Santo y cuatro años más tarde corre la misma suerte Sebastián, por no querer salir de soldado en el Prendimiento como era su obligación y José Molina por no pagar, quedando constancia de que al requerirle para que pagase, se excusó “con fríbolas razones diciendo lo borren” , en vista de lo cual se avisa a las otras hermandades para que no lo admitan, aviso que, según hemos constatado, en general no surtía efecto.

            En 1733 se borra a los hermanos Francisco, Manuel y Antonio Peralta Vocanegra , por razones que en principio no se dicen pero que se sospechan graves. En efecto, más de un año después, los hermanos Peralta escriben una carta de arrepentimiento a la Hermandad que es una pieza epistolar verdaderamente notable; tras el preámbulo inicial dicen que “rendidos con el debido acatamiento a tan venerable y santa hermandad, ponen en su digna consideración, cómo se hallan tan aturdidos, tan confusos, casi sin alientos desde que la venerable hermandad se dignó por sus justos motivos de tildarlos (borrarlos) de tales hermano, que no hay lengua ni lenguas que puedan explicarlo...”. Seguidamente suplican que les vuelvan a admitir y que no se tengan en cuenta “los cometidos yerros pues los hicieron como hombres y hechos de fábrica tan quebradiza...”. Aunque las actas no aclaran los motivos de la expulsión, la Hermandad los admite exigiéndoles   que paguen todo lo que debían al ser borrados y amonestándoles para que en adelante cumplan con todas sus obligaciones y no se atrevan a exigir cargos u oficios sino que deberán aceptar los que se les ordenen.

 

7.3.2.- LAS RELACIONES CON OTRAS HERMANDADES. LAS DIFICULTADES DE LA “CONCURRENCIA” O EL PRÓLOGO DE LA RIVALIDAD.

 

            Como veremos en su momento, la concurrencia de dos poderosas hermandades como las de Jesús en la Columna y Jesús Nazareno, que compartían el mismo espacio físico y social, era inevitable. Por lo tanto, la convivencia entre las dos instituciones iba a estar, a lo largo de la historia,   jalonada de acuerdos y desacuerdos, de encuentros y enfrentamientos que en ocasiones excedieron los límites de la corrección, pero en otros muchos dieron frutos de entendimiento y confraternidad.

            Digamos que esa convivencia se intentó regular desde los primeros pasos de la vida cofradiera local y que al principio se llamó “concurrencia”, siendo sólo desde el último tercio del siglo XIX cuando puede hablarse claramente de rivalidad.

            En la época que ahora estudiamos – 1642-1750 – los episodios de esa concurrencia se intentan regular por medio de acuerdos   entre las hermandades y no han dejado demasiadas huellas documentales si exceptuamos precisamente los documentos de concordia.

            Se intuye un primer momento de concurrencia   en el proceso de construcción de las capillas; la Vera Cruz compra terreno a la Cofradía de los Nazarenos para dicha construcción, lográndose al parecer un inmediato acuerdo. 68 Al presentar la Hermandad de la Columna sus primeras Constituciones para su aprobación por el Abad de Alcalá la Real , insisten en solicitar que su Hermandad, por estar agregada a la Cofradía de la Vera Cruz , la más antigua de la localidad, debe mantener los privilegios de esa antigüedad siendo la primera en todo cuando concurran varias cofradías o hermandades, lo que concede el Abad en su autor de aprobación. La insistencia de los solicitantes nos hace ver que a partir de la fundación de la Cofradía de la Rogativa en 1593, se habían producido roces e incidentes con motivo de esa concurrencia.

            En 1674, nada más aprobarse las Constituciones de la Hermandad de Jesús en la Columna , en la primera reunión de su primera Junta de Gobierno oficialmente constituida, el cabildo estudia una propuesta de la Hermandad Nazarena y acuerda aceptarla en el sentido de pedir a los hermanos que lo sean de las dos hermandades, que elijan con la capa y pendón de cual de ellas quieren ser enterrados. 69 Se discute en los años siguientes, como ya hemos visto a propósito de la admisión de hermanos, sobre la inconveniencia de que muchas personas pertenezcan a dos o más hermandades, indicándose que ello debilita a todas, pues estos hermanos no aportarán la misma colaboración y ayuda económica si pertenecen sólo a una, que si pertenecen a varias hermandades. 70

Las cosas debieron ir cada vez peor trascendiendo al público problemas de organización en procesiones y entierros, pues en la documentación previa al primer documento de concordia, se llega a utilizar directamente la palabra “disturbios”. Para lograr un acuerdo que los evite, el 30 de Diciembre de 1686 se reúnen en el convento de San Francisco los directivos de las tres hermandades. Por la de los 72 asiste el Hermano Mayor, Antonio Hurtado y cuatro hermanos; por la del Nazareno, el Hermano Mayor, José de Valdecañas y cuatro hermanos; por la de la Soledad , el Hermano Mayor, Juan de Gámiz Navas y tres hermanos. El acuerdo se resume en los siguientes puntos:

1º.- Cada hermandad asistirá con doce hachas encendidas a la Misa solemne que cada una dice en Mayo. En la de Jesús en la Columna , que se celebra el primer domingo, los representantes de la Hermandad de Jesús Nazareno ocuparán el lado del evangelio, de mayor “dignidad” y los de la Soledad el lado de la epístola. En las misas de la Hermandad Nazarena – segundo domingo de Mayo – y de la Soledad – tercer domingo –, los representantes de la Hermandad de los   72 ocuparán el lado del evangelio.

2º.- Cada hermandad asistirá a la procesión de las otras con sus insignias. Si la procesión se hace dentro del claustro del convento, la prioridad en el desfile será en primer lugar la hermandad que celebra la fiesta y después las otras dos, teniendo siempre prioridad la de los 72 por ser más antigua. Si se saca la procesión a la calle, se ha de avisar a las otras hermandades para que salgan con sus insignias; si no se avisa, no habrá obligación de asistir.

3º.- Si el pendón es sacado por el Hermano Mayor, este debe ofrecer las borlas de su pendón a los Hermanos Mayores de las otras dos hermandades.

4º.- En los entierros se irá según la petición del fallecido cuando este perteneciere a varias hermandades. Cada Hermano Mayor invitará a las demás hermandades que irán colocadas según su orden de antigüedad. Si el fallecido no elige lo harán sus herederos y si estos tampoco lo hacen, el entierro lo organizará la hermandad en que el fallecido se inscribió primero. 71 El acuerdo fue firmado por los asistentes, pero su vigencia fue breve ya que sólo tres años más tarde, la Junta de Gobierno de la Hermandad de Jesús en la Columna estudia de nuevo el tema y revocan el acuerdo. Argumentan que esta hermandad tiene reconocido por los abades y en especial por D. Antonio de San Martín, la prioridad entre las demás, debido a su antigüedad, por lo que debe presidir en todos los actos públicos. En consecuencia consideran que el punto 4º de la concordia firmada con las otras hermandades contraviene las constituciones y por lo tanto, por unanimidad, revocan dicha concordia. 72

En el año 1700 se produce entre las hermandades columnaria y nazarena el histórico acuerdo para la creación del escuadrón, tema al que dedicamos un capítulo de este libro, al cual remitimos, no sin antes destacar   cómo este nuevo acuerdo confirma que el espíritu de colaboración prevalecía claramente sobre el de confrontación durante este periodo.              

            En efecto, cada cierto tiempo, los directivos se reúnen para revisar y ampliar sus acuerdos. Así lo hicieron de nuevo en 1718 las tres hermandades cuyos directivos afirman que siendo su principal fin “el servir a Dios nuestro Señor y a María Santísima, quieren para más bien servir a su Majestad y a su Santísima Madre, unirse y hermanarse para que en todas las funciones que se ofrecieren... se asista y concurra...” con el mayor fervor. La nueva “concordia” parte de la firmada en 1686, concretándose varios puntos e incorporándose otros nuevos. En cuanto a las fiestas de Mayo, el protocolo es similar al aceptado años antes. Si la procesión sale a la calle, en la fiesta de la Columna , el Hermano Mayor llevará el pendón hasta la Iglesia Mayor – la Asunción – y allí lo entregará al Hermano Mayor del Nazareno que lo llevará hasta el convento de las monjas – las Clarisas en el actual Paseíllo – donde lo entregará al Hermano Mayor de la Soledad. En las procesiones de las otras cofradías se hará de forma similar manteniéndose el orden de antigüedad para las hermandades acompañantes. 73

            En el tercer capítulo de este acuerdo se hace referencia al nombramiento de un Hermano Mayor seglar en la Hermandad de Jesús en la Columna , cargo que ocupa Francisco Bernardo de los Ríos. En el cuarto se refiere a los entierros de los hermanos que pertenezcan a varias hermandades, tema que había originado la ruptura del anterior acuerdo; se decide ahora que en esos casos, los pendones de las hermandades implicadas irán juntos y el féretro será llevado a tránsitos por los hermanos de las distintas cofradías por orden de antigüedad, siendo también la caja de la hermandad más antigua.

            Seguidamente se concretan detalles de protocolo en el sentido de que las invitaciones debe cursarlas el Hermano Mayor y no otros miembros de las hermandades y por último se dedica un largo capítulo a la organización del Escuadrón, que como hemos dicho, será tratado en capítulo propio de este libro.

            Esta concordia se volvió a revisar posteriormente siempre que se consideró necesario y en la mayor parte de las veces, cuando los detalles fueran de menor importancia, es de suponer que no se levantó acta. Las nuevas Constituciones aprobadas por las Hermandades en el del siglo XIX darán pie a nuevos acuerdos y desacuerdos entre ellas, que veremos en los siguientes capítulos.

 

7.3.3.- LA BULA DE INOCENCIO XII.

 

            En el año 1700, la Cofradía de la Vera Cruz , que ya poseía una importante bula concedida por el Cardenal Farnesio en 1576, consigue un nuevo privilegio papal: la agregación de su capilla a la Basílica romana   de San Juan de Letrán , lo que permitirá a los cofrades de la Vera Cruz   gozar de todos los privilegios , gracias e indulgencias que los papas habían ido concediendo a la primera iglesia romana a los largo de los siglos.

            Para entender la importancia que dentro de la Hermandad de Jesús en la Columna de Priego se ha dado siempre a esta bula hay que destacar varias cuestiones.

            En primer lugar hay que situarse en la época y recordar las características de la espiritualidad cristiana del postconcilio de Trento. La práctica religiosa se fundamentaba en el concepto de pecado; la culpa debía ser redimida por la fe y por las obras, pero la infinitud de la culpa, que condenaba al infierno por toda la eternidad o debía ser redimida en el purgatorio a través de larguísimos periodos de terrible sufrimiento, solo podía ser contrarrestada por medio de “gracias e indulgencias” que se cuantificaban por años y días y que se conseguían realizando determinadas obras piadosas. Una de las formas más efectivas de alcanzar estas indulgencias era peregrinando a Roma, a Santiago de Compostela o a los Santos Lugares de Palestina. Pero como esto no podía exigirse a todos los católicos, la iglesia concedía indulgencias   y privilegios a determinadas iglesias o capillas, privilegios que siempre debían estar avalados documentalmente por la jerarquía eclesiástica. De ahí las bulas que son los escritos en los que se decretan o autorizan   dichos privilegios. Una bula era pues un tesoro para una Iglesia o cofradía porque acreditaba el logro de indulgencias,   para evitar las penas del infierno   o del purgatorio, que otras cofradías no podían conseguir.

            Otro aspecto a tener en cuenta en referencia a la bula conseguida por la Cofradía de la Vera Cruz en 1700 es la influencia de esta bula en la configuración de las capillas históricas de la cofradía. Creo poder afirmar que la bula se convirtió en un verdadero programa de actuación para la cofradía, un programa de gran trascendencia   como a continuación veremos. Es cierto que el documento que comentamos ha sido siempre algo mítico, casi sagrado en la Hermandad , como lo demuestra el hecho de que, enrollado y colocado en el interior de un llamado “canuto”, se transmitía de un Hermano Mayor a otro en el solemne momento del cese del antiguo y toma de posesión del nuevo mandatario. 74 Y sin embargo, esa trascendencia debió olvidarse con el tiempo de forma que en los estudios contemporáneos existentes sobre la cofradía, nunca he visto analizado este asunto.

            Me refiero a algunos elementos existentes en la capilla de Jesús en la Columna y especialmente a las capillas de San Lorenzo y de la Escala , hoy desaparecidas, pero que debieron ser construidas siguiendo las prescripciones de la bula.

            Presentamos en primer lugar un resumen y comentario del texto de la bula 75 para realizar después algunas consideraciones sobre las consecuencias que produjo en la cofradía.

            El texto conservado comienza con estas frases :    “ Bula para la capilla del Sr. San Esteban de Priego, convento del Sr. San Francisco de los menores de la observancia; que le trajo de Roma el magnífico Sr. D. Juan Parral y Quiroga en el año de 1700, a los 9 años del Pontificado del Ssmo. Padre Inocencio duodécimo, Pontífice Máximo.

            El cavildo y canónigos de la Sacrosanta Iglesia Latera­nense, Madre y Cabeza de todas las Iglesias de Roma y de toda la Cristiandad , desea salud y cimera caridad en el Señor a todos los fieles cristianos que han de ver y justamente oir ---

            La Sacrosanta Lateranense Iglesia a la manera que es Papal sede, cabeza y madre de los Pontífices Romanos y de los sumos Prelados de todas las Iglesias de Roma y de toda la Cristiandad , así la imperial Basílica fue fundada a instan­cias del serenísimo Emperador Constantino Máximo, en su Impe­rial Palacio y fue dedicada en honra de Ntro. Sr. y Salvador por su Silvestre Papa 1º, para la pura exaltación y propaga­ción de la religión Cristiana se constituyó primera y reina sobre todas las gentes disponiéndolo así el mismo Salvador y Sr. nuestro Jesucristo el cual es Rey y sumo sacerdote según el orden de Melquisedec .”

            A continuación expone cómo la referida   Basílica, primera de todas las iglesias del orbe y primera sede oficial de los papas en Roma, fue distinguida con numerosos prodigios. El mismo Jesucristo “bajó del cielo en su consagración anunciando la paz al pueblo romano...” y en ella se acumularon importantes reliquias, incluidas   las de los apóstoles Pedro y Pablo. Se argumenta después que, aunque todas las iglesias del orbe estuvieron subordinadas a dicha basílica, siempre se atendió de forma especial a determinadas iglesias uniéndolas “ con singular vínculo” a la iglesias lateranense, con la que, por ese vínculo, compartían todos sus privilegios.

            A continuación la bula se dirige directamente a la capilla prieguense de la Vera Cruz   con estas palabras: “ Y por cuanto una capilla con la invocación de San Este­ban Protomartir haya sido fundada en el convento de los Padres de San Francisco llamados de la mayor observancia por la Cofradía de dicha capilla, con el título de los setenta y dos de la Vera Cruz en el pueblo llamado Priego y de la Abadía de Alcalá la Real que está en la provincia de Toledo, se hizo súplica por el reverendísimo Abad de dicho lugar D. Juan Parral y Quiroga uno de dichos cofrades, que se subordinase y uniese y agregase y se incorporase la referida capilla a nuestra sacro­santa Lateranense Basílica”. Y más adelante conceden: “ Nos los canónigos congregados capitularmente admitiendo al fin la súplica, hemos venido a honrar a la referida capilla con todas las indulgencias, privilegios y espirituales indul­tos (...) de las cuales indulgencias a la verdad este es el tenor”.

            Vuelve el texto a los tiempos de la fundación   de la Basílica y relata cómo Constantino pidió al papa Silvestre que derramara sobre ella su bendición para todos los que la visitaren, tras lo que pasa a enumerar las gracias y privilegios que a lo largo de los siglos se han ido concediendo a la Basílica y a las distintas capillas existentes en ella. Evitamos a nuestros lectores tan prolija y obsoleta enumeración de indulgencias plenarias, años y cuarentenas   y nos fijamos en otros datos con trascendencia para la historia de nuestra cofradía.

            Se habla de la capilla de San Juan Bautista, de la que dice: “el cual se llama San Juan de la Fuente.. .”. Seguidamente describe otra capilla con estas palabras: “ Iten en la capilla de San Lorenzo el cual lugar se llama el Santa Santorum y en esta misma capilla nunca entran mujeres por causa de la muy grande santidad del lugar, hay infinitas indulgencias y en el testero de dicha capilla se lee estas palabras, no hay en toda la redondez del mundo lugar mas santo.”   Y a renglón seguido dice: “ Iten el que subiere devotamente la santa escala que consta de 28 gradas , la cual la emperatriz Elena solicitó que se llevase a Roma desde Jerusalem de la casa de Pilatos y a la cual escala Cristo Nuestro Señor bañó con su propia sacratísi­ma sangre en el tiempo de su pasión, gana 7 años de indulgen­cia por cada grada que sube".  

            Resume después el texto la amplitud y categorìa de los privilegios concedidos, citando las siguientes palabras de los papas Inocencio y Bonifacio IX: “Inocencio Pontífice dijo: son tan grandes las indulgen­cias e infinitas las gracias de la Lateranense Basílica que en lo humano carece de número y sólo Dios como infinito puede contarlas todas, las cuales yo mismo confirmo. Además de esto Bonifacio Pontìfice dijo: si supieran los hombres cuantas son las indulgencias que hay concedidas a las Iglesias de San Juan de Letrán no sería necesario ir a visitar   el Santo Sepulcro de Jerusalem ni ir a Santiago de Galicia”.

            Concreta de manera explícita otras concesiones e inmunidades de las que podrían beneficiarse las Iglesias vinculadas con la Basílica : que si algún peregrino muere “abintestato” en la capilla, sus bienes serán poseidos por la iglesia donde ha muerto; que nadie pueda promulgar sentencia de excomunión contras vuestra iglesia; que si alguno lo hace quedará a su vez excomulgado y quedará sin honor ni dignidad, etc.

            Finalmente la bula termina con estas palabras: “Por tanto concedemos a la capilla de San Esteban protomartir fundada ut supra y sujeta a nos, del ya referido monasterio que se apodere, tenga y goce para siempre todas las indulgencias, privilegios y espirituales gracias arriba dichas por fuerza de todos estos antecedentes   Pontífices y permane­ciendo también el referido especial breve. Dado en San Juan de Letrán el día 12   de Junio de mil y setecientos y a los 9 años del Pontificado del Stmo . Padre en Cristo y Señor Nuestro el Señor Inocencio por divina providencia Papa duodécimo”.

            La categoría de la bula era tan grande que, aunque más tarde se suscitaron dudas sobre su legalidad, como veremos, los cofrades de la Vera Cruz la adoptaron como sagrado privilegio frente a otras cofradías y, atendiendo a su literalidad, basaron en ella el programa constructivo que se disponían a desarrollar a lo largo del siglo XVIII dentro de su área de dominio   en la iglesia de San Francisco. Véase para ello el capítulo 8, apartado 8.4 de este libro.

           

7.3.4.- ENTERRAMIENTOS Y MISAS.

 

            La obligación de enterrar o asistir al entierro de los hermanos difuntos es una de las que con más claridad se expresan en las Constituciones. Paralelamente venía el mandato de aplicar un cierto número de misas por el difunto, número que va a ir variando en función de la importancia que se dé a los cargos directivos de la Hermandad y del costo económico de las misas.

            En cuanto a los enterramientos, como ya hemos visto al comentar las Constituciones, estaba perfectamente reglamentada la ceremonia. Incluso esa reglamentación se coordinó entre las tres hermandades como antes hemos visto. En cambio las noticias sobre el lugar en que se hacían los enterramientos son escasas. La bóveda o cripta de la Hermandad debió construirse a partir de 1693, pues en el cabildo celebrado el 4 de Enero de ese año se acuerda que Juan de Ortega haga la bóveda para su entierro y los de su mujer y su hermana, “en la parte y sitio que la petición refiere” , con la condición de que después quede para enterrar a los hermanos de la cofradía que lo deseen. Nada se dice sobre la ubicación de la bóveda aunque, como era habitual en este tipo de construcciones, es seguro que se haría   bajo la capilla de la Hermandad , con entrada por delante del altar y probablemente con otra entrada por la sacristía o alrededores de la capilla. Como más adelante veremos, la bóveda se utilizó hasta que las autoridades civiles prohibieron los enterramientos en las iglesias, en Priego, es posible que hasta la construcción del cementerio del Santo Cristo, que se inauguró en 1869.

            En cuanto a las misas, en 1674, ratificando lo previsto en el capítulo 8 de las Constituciones de la Hermandad , en el que parece haber duda de si se trata de 29 o de 30 misas, se acuerda que se dirán a cada hermano 29 misas rezadas y una de ánimas. Pero en 1689 se produce una modificación de este ordenamiento, aumentándose hasta 40 el número de misas por cada hermano. Este número, que se mantiene hasta el final de este periodo, suponía una enorme carga económica para la Hermandad como veremos más adelante.

 

7.3.5.- PRESTACIONES Y EXIGENCIAS DE LOS FRANCISCANOS.

 

            Las relaciones entre la cofradía y hermandad y la comunidad, no sólo debían ser cordiales sino que en   determinados momentos serían los franciscanos quienes impulsarían las actividades de la cofradía y hermandad pues su misma creación había sido promovida   por los religiosos. No son sin embargo abundantes los episodios de esta relación que han llegado a las actas.

            Antes y durante la construcción de la capilla y la sacristía, las reuniones de los directivos tenían lugar a veces en las dependencias del convento y en algunas ocasiones sí trascienden problemas existentes entre ambas instituciones. Así en 1720, siendo Hermano Mayor de la cofradía Diego Fernández de la Fuente , se estudia una queja que llega del convento a través de los superiores, padres Fray Luis A. de Gámiz Aguilera y Fray Matías Martínez, según la cual desde que fuera mayordomo José Núñez de la Cerda no se han cobrado en el convento los tributos y limosnas estipuladas por las misas y memorias que los religiosos   dicen para la cofradía. Teniendo en cuenta que José Núñez dejó de ser mayordomo, como se refleja en las actas en 1709, la deuda era ya cuantiosa y no parece claramente justificado por qué se ha producido ese retraso en los pagos. Como era de esperar el problema se resuelve con la buena voluntad de los frailes que perdonan una parte de las cantidades retrasadas a cambio de que la   cofradía se comprometa, como así hace, a cumplir en adelante con los pagos anuales.

            Estos problemas económicos no debieron enturbiar para nada las buenas relaciones entre el convento y la cofradía pues   años más tarde, los frailes hacen donación de una capilla a la cofradía y hermandad. Para ello comparecen el Padre Fray Andrés de Pinos, guardián del convento y el padre Fray Laurencio Garrido entre otros   y por otra   parte Juan Manuel de Uclés ,   hermano mayor de la Vera Cruz y Antonio Alegre, hermano mayor de la Columna y aceptan la donación de una capilla   que, según dice el documento de cesión, está situada “ dentro de los términos de la principal capilla de la Vera Cruz ”, obligándose la cofradía a costear el mantenimiento y ornato de dicha capilla. 76

            Mediado el   siglo XVIII comenzarán a aparecer más datos sobre las relaciones entre el convento y la Hermandad de la Columna , datos que presentamos en el estudio que haremos de esa época.

 

 

61 Vera Aranda , Angel L.   “Noticias históricas sobre terremotos en Priego”. Adarve, nº 321 y 322.  

62 Archivo Mmunicipal de Priego. Libro Capitular de 1735. Cabildos de 16 de Junio y 17, 18 y 19 de Julio.

63 Durán Alcalá, F. “Priego de Córdoba. Guía Multidisciplinar de la Ciudad y su territorio”. Ayuntamiento de Priego y Diputación de Córdoba. Córdoba, 1997, pág. 158.

64 Peñín Rodríguez, María Pilar. “La población y poblamiento en la Subbética cordobesa   en el siglo XVIII según el Catastro del Marqués de la Ensenada ”. Edit . Excmo. Ayuntamiento de Priego. 1991. Págs . 269 y 273.

 

65 AHJC. Libro de Cabildos de 1728-1795. Cabildo de 9 de Marzo de 1731.

 

66 AHJC. Libro de Cabildos 1674-1702. Cabildo de 15-6-1684. El párrafo, que hemos transcrito literalmente, está cargado de razones, señalando una de las causas principales de la permanente penuria económica de las cofradías; el hábito, ya entonces difundido por lo que se ve, de pertenecer a varias cofradías o hermandades simultáneamente, debilita las posibilidades de algunas de ellas, argumento que podría trasladarse a la actualidad.

 

67 AHJC. Libro de Cabildos 1674-1702. Cabildos de 17 de Abril y 30 de Marzo de 1700.

 

68 AHJN. Libro primero de cabildos. Cabildo de 9-3-1665.

 

69 AHJC. Libro de cabildos 1674-1702. Cabildo de 7-1-1674.

 

70   Recuérdese lo dicho en el apartado 7.3.1 de este libro.

71 AHJC. Libro de Cabildos 1674-1702. Cabildo de 30-12-1686.

 

72 AHJC. Libro de Cabildos 1674-1702. Cabildo de 9-1-1689.

 

73 Véase “Soledad en todos”, pág. 128 y “Historia de la Cofradía y Hermandad de Jesús Nazareno”, pág. 61.

 

74 Siendo Hermano Mayor D. Vicente Chimenti se restauraron los documentos contenidos en el “canuto” y se depositaron en la caja fuerte de un banco local eliminando con ello el simbolismo de ser objeto clave en la toma de posesión, pero reforzando su valor como documento histórico.

75 Nos basamos para ello en la traducción realizada por D. José Aguayo , “preceptor de latinidad”, en el año 1757. AHJC. Legajo 1, doc. 42.

76 Escritura de donación de una capilla. AHJC. Doc. 1-3.

 

 

 

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