HISTORIA DE LA HERMANDAD DE LA SANTA VERACRUZ Y NUESTRO PADRE JESÚS EN LA COLUMNA

Autor: Miguel Forcada Serrano

www.lacolumnapriego.es

 

 

CAPITULO   1

 

EL MARCO HISTÒRICO Y RELIGIOSO A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

 

1.1.- ESPAÑA EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XVI.

 

            El siglo XVI, en cuya exacta mitad habría de fundarse en Priego la Cofradía de la Santa Vera Cruz, convirtió a España en la nación más poderosa de la tierra. Terminada la reconquista   en la centuria anterior, comenzaba la nueva con el reto, casi infinito, que planteaba la conquista y colonización de un nuevo mundo, recién descubierto por naves españolas.

            Tras la muerte de la reina Isabel de Castilla (1504) y del rey Fernando de Aragón (1516), comienza el reinado de Carlos I haciéndose efectiva la unidad de España y abriéndose de inmediato nuevas perspectivas que terminaron configurando   un vastísimo imperio bajo la corona de España.

            Sucesos cruciales en esta época, cimentadores de la hegemonía española, fueron la conquista de México por Hernán Cortés (1521), la victoria de los tercios en Pavía (1525), el saqueo de Roma por las tropas de Carlos I (1527), la conquista del imperio Inca por Francisco Pizarro (1532), la expedición contra Túnez (1535), la batalla de Mülhberg contra los príncipes protestantes (1547) y el triunfo en las de San Quintín, de nuevo contra Francia (1557) y Lepanto (1571).

            Este esfuerzo militar tanto en Europa como en América, pudo mantenerse gracias a la pujanza económica que en los dos primeros tercios del siglo vivió la península ibérica. La población va en aumento constante sobre todo en Castilla en la que se dispara el crecimiento demográfico pasando de seis a ocho millones de habitantes en poco más de medio siglo. La economía se expande estimulada por un largo periodo de paz dentro de la península, por la integración en los circuitos del comercio europeo y por el tirón de la demanda americana,

            La producción agrícola, basada en la tríada mediterránea -cereales, vino y aceite- experimenta un notable incremento debido sobre todo al aumento del terreno cultivable conseguido por medio de extensas roturaciones y a la subida de precios que provoca el comercio hacia el nuevo mundo.

            Se desarrollan igualmente la ganadería y, de forma muy notable, la industria. La fabricación de tejidos de seda se expande desde Granada, donde gozaba de gran tradición desde la dominación musulmana y desde Valencia, donde otros cultivos fueron sustituidos por la morera para la producción de seda. Esta expansión de la industria permanece hasta el último tercio del siglo XVI, cuando Felipe II sacrifica el despegue del textil a la adhesión de sus súbditos flamencos imponiendo la libertad de comercio y decretando leyes antisuntuarias que perjudicaban especialmente a la industria de la seda.

            Impulsada por la bonanza económica y por los nuevos aires del renacimiento que llegan de Italia, la sociedad española de la primera mitad del XVI va a protagonizar también una cierta evolución, si bien el régimen señorial y el fuerte arraigo de las costumbres, harán que en este terreno la evolución sea siempre lenta y que el pueblo llano se mantenga dominado por los intereses de los estamentos privilegiados: la nobleza y el clero.

            La nobleza, propietaria de tierras y honores, representaba una exigua minoría, pero controlaba en su provecho el gobierno de las poblaciones y se mantenía exenta de impuestos hasta el nivel de los hijosdalgos. El estado llano, al que pertenecía más del ochenta por ciento de la población, carecía por completo de instrucción ya que los que alcanzaban la condición de letrados entraban en su mayor parte al servicio de la nobleza o pertenecían al clero que gozaba también de numerosos privilegios. La supervivencia dependía de los arrendamientos de tierras que concede el señor, o del ejercicio de los oficios artesanales. Raramente en las villas o en el campo, donde vivía más de las tres cuartas partes de la población, se implantaba algún tipo de industria que librase a los jornaleros de la dependencia exclusiva del campo.

            Los marginados formaban junto al pueblo llano la masa de los no privilegiados. En este sector se incluía a los moriscos – campesinos dóciles y generalmente explotados – a los esclavos, a los gitanos,   – ya entonces poco apreciados por sus formas de vida no coincidentes con las de la población autóctona – y a los llamados “vagos” y mendigos, que llegaron a proliferar de forma extraordinaria a finales del siglo.

            En 1550, año de la fundación de la Cofradía de la Vera Cruz de Priego, Miguel de Cervantes tenía sólo tres años de edad mientras que Lope de Vega, Góngora y Quevedo todavía no habían nacido. Ignacio de Loyola acababa de fundar la Compañía de Jesús y Santa Teresa oraba en su convento de la Encarnación , pero aún no había ideado la reforma de la Orden Carmelitana. El Greco era un niño que no había cumplido diez años y Velázquez no vendría al mundo hasta medio siglo más tarde. Las obras del Real Monasterio de El Escorial no habían comenzado. Cuando se fundó la ciudad de Nueva York, la Cofradía de la Vera Cruz caminaba hacia su primer centenario...

 

1.2.- LA RELIGIÓN Y LA IGLESIA CATÓLICA EN EL SIGLO XVI.

 

            Las ideas religiosas y en concreto el cristianismo van a sufrir durante el siglo XVI en Europa un gravísimo proceso que culminaría   en la definitiva ruptura de la unidad religiosa provocada por la reforma protestante.

            Al comenzar el siglo, la situación de la Iglesia y como efecto, de la cristiandad, no presagiaba más que un estallido de las potencialidades renovadoras frente al abandono, por parte del estamento eclesiástico, de las ideas fundacionales de la religión cristiana.

                El papado se había convertido en un poder terrenal que competía con los demás estados europeos por el dominio de las tierras y de los recursos económicos. En un texto tan libre de sospecha anticatólica como la “Historia de la Iglesia Católica ” de García Villoslada puede leerse lo siguiente: “La cura de almas estaba muy abandonada; consiguientemente, el pueblo fiel se hallaba desprovisto de instrucción cristiana y alejado de los sacramentos. Responsables eran principalmente los obispos, los párrocos y sus vicarios. A no ser por los frailes - los cuales por su parte también necesitaban reforma   -, la fe y la piedad popular hubieran naufragado miserablemente. La desidia del clero en las cosas espirituales tocaba límites extremos. Los mismos romanos pontífices se preocupaban más de los negocios políticos y mundanos que de los religiosos y, al manejar el arma espiritual de la excomunión y el entredicho, lo hacían casi siempre por motivos terrenos con lo que las censuras y los papas se desacreditaban. El gran pecado de los obispos consistía en el absentismo o habitual ausencia de sus diócesis. El absentismo era unas veces consecuencia forzosa del “cumulativismo”, pues el que acumulaba tres, cinco o más episcopados, parroquias y otros beneficios, no podía físicamente residir en todos, ni cumplir pos sí mismos los deberes de la predicación, de la confirmación, de la visita de la diócesis; otras veces era resultado del “aulicismo”, o de la presencia continua del obispo en la corte del rey, cuando no en la curia del papa. En culpa semejante incurrían los párrocos y todos aquellos que, teniendo por obligación la cura de almas, la abandonaban con absoluta despreocupación, sin que les exonerase de toda culpa   el designar vicarios, generalmente poco aptos, que por un exiguo estipendio hiciesen sus veces”.

                Las voces pidiendo la reforma se alzaban ya, insistentes, desde el siglo anterior y estas voces que se acompañaron de claros intentos reformadores en principio surgidos al margen de la jerarquía eclesiástica, se hacían oír en varios países de Europa   y también en España. Incluso las cofradías de corte antiguo, “antes, sin embargo, de la reforma de los religiosos y del episcopado... inician por su cuenta   una etapa de renovación en consonancia   con el espíritu de evolución que se experimentaba desde la mitad del siglo XIV en amplias zonas de Europa”. Pero esas voces   no fueron prácticamente escuchadas hasta que en 1517, Martín Lutero hizo públicas sus 95 tesis con las que, en principio, sólo pretendía combatir los abusos y errores de los dirigentes eclesiásticos. Lutero fue condenado con prontitud (1520), pero la Iglesia tardaría todavía un cuarto de siglo en reunirse en Concilio (Trento, 1545) para acometer su propia reforma. A partir del concilio, al movimiento reformador ya existente   antes del concilio, se une la lucha contra la reforma protestante, es decir, a la reforma se une la contrarreforma dando origen a una   larga etapa del catolicismo que puede identificarse con el Barroco. De hecho, “las cofradías creadas   a partir de finales del primer tercio del siglo XVI pertenecen igualmente a la reforma católica y a la contrarreforma, colaborando así, como respuesta de la fe y de la piedad popular española, todavía hoy infravalorada   o ignorada a esta última”.

            De hecho, si la corrupción moral era lacra bastante generalizada en la Iglesia de principios del siglo XVI, quizá fuera en los reinos españoles donde aquella se había visto moderada por distintas circunstancias. Entre estas cabe mencionar en primer lugar el acierto de los Reyes Católicos al nombrar para las más altas dignidades eclesiásticas a personas intelectualmente calificadas y de moral intachable que promovieron la reforma de las órdenes regulares y del clero secular ya desde finales del siglo XV.   “En España, ya antes de fines del siglo XV, el episcopado y las órdenes   monásticas y mendicantes, activamente favorecidas por los Reyes Católicos, se convierten en representantes   y fautores de la renovación   religiosa y eclesiástica”.

También fue considerable y positiva la influencia en España de las doctrinas de Erasmo de Roterdan que proponían la búsqueda de una religión más auténtica sin plantearse nunca la ruptura con la Iglesia de Roma.   Como contrapunto a estos aspectos, hay que anotar, como medida extrema en el orden ideológico   y religioso, la creación de la Inquisición , cuyas actuaciones, sobre todo vistas desde puntos de vista actuales, condenamos como execrables.

            Dentro de la Iglesia se enfrentan las dos tendencias: una abierta y erasmista, deseosa de reforma y otra tradicional e intransigente que tenía como máximo instrumento precisamente a la Inquisición en cuyos tribunales hubieron de verse muchos reformadores, algunos de los cuales fueron torturados y hasta quemados en la hoguera.

            En este ambiente de reforma de las costumbres y de impulso renovador   de las instituciones religiosas hay que enmarcar sin duda la creación de las cofradías cuyos orígenes directos comentaremos más adelante.

 

1.3.- EL MARCO HISTÓRICO LOCAL: PRIEGO EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XVI.

 

            Comienza en Priego el siglo XVI con la constitución del Marquesado cuyo primer titular, D. Pedro Fernández de Córdoba, impondrá férreamente su dominio utilizando incluso la coacción y el engaño   cuando convenga a sus intereses.

            Priego era entonces una pequeña villa de menos de 2.000 habitantes, encerrada dentro de sus murallas, pero empezaban a levantarse nuevas edificaciones que a lo largo del siglo llegarían a formar un nuevo barrio de rápida expansión en dirección al manantial de la Fuente del Rey y al Palenque. Excepto el castillo, no existía ni uno sólo de los edificios monumentales que hoy conocemos y desde el manantial situado al sur   de la villa discurrían las aguas por distintos arroyos hasta caer a las huertas del bajo Adarve no sin antes mover algunos molinos situados en la zona de la Huerta Palacio.

            En 1517 muere el marqués y le sucede Catalina Fernández de Córdoba cuya etapa de dominio va a representar para Priego una de las épocas más prósperas de su historia.

            En 1525 se reorganizan las instituciones públicas conservándose desde entonces las actas capitulares. A partir de esta fecha se inician una serie de construcciones civiles que se unen a otras de carácter religioso que ya se estaban realizando. Se levantan primero un pósito del trigo y unas carnicerías; en 1536 se acuerda construir alhóndiga, cárcel y audiencia junto al castillo, pero será ya en la segunda mitad del siglo cuando se realicen varias obras públicas que marcarán la fisonomía de la villa por su envergadura y permanencia a lo largo de los siglos. En 1572 se construye el Pósito en el Palenque, en 1576 las Carnicerías y en 1586 se realiza la Fuente del Rey, hoy llamada de la Salud.

            Desde los primeros años del siglo XVI y en paralelo con lo ocurrido en el resto de España, la economía mejora notablemente. El aumento de la producción de cereales y aceite es consecuencia de la puesta en cultivo de nuevas tierras, sólo posible gracias a las perspectivas de paz que se abren con la conquista de Granada.

            Por otra parte, la industria de la seda debió iniciarse y desarrollarse durante este siglo en Priego, traída quizá por varias decenas de familias de moros que se asientan en la villa a finales del XV.

            Sin embargo la expansión económica y sin duda demográfica quedó limitada por las condiciones impuestas por el Marquesado. Se calcula que al comenzar el siglo XVI vivían en Priego unas 1500 personas de las que unas 150 pertenecían a familias de caballeros y el resto al pueblo llano en el que se incluían unas 30 familias de moros. A lo largo del siglo el incremento demográfico llegó hasta las 5.000 personas.

            El dominio de los marqueses se ejercía de forma implacable en perjuicio del desarrollo económico de la población. Los marqueses nombraban los cargos públicos que gobiernan la villa, por lo que estos no defienden los intereses de la población sino los del marqués. Dueño absoluto de la mayor parte de las tierras, tenía además en arrendamiento todas las tiendas de la plaza pública, así como los molinos, hornos de pan y otros establecimientos, reservándose el diez por ciento de todo lo que se vendía. Aunque los vecinos pleitearon contra los pretendidos derechos del marqués y contra los abusos que cometía, nada importante consiguieron a lo largo de los siglos.

            La buena situación de la economía, conseguida a pesar de estos abusos, se mantuvo no obstante hasta la última década del siglo; en ella, la interrupción del comercio a causa de interferencias internacionales agravadas por una epidemia de peste y los repartimientos reales a los que había que contribuir, hicieron que la villa entrara en un periodo de miseria y decadencia.

 

1.4.- LA RELIGIÓN EN PRIEGO EN EL SIGLO XVI.

 

            Integrada en los dominios de la Abadía de Alcalá la Real , no se tiene constancia del número exacto de eclesiásticos residentes en la villa de Priego en los comienzos del siglo XVI.

            Los cultos se organizaban en los templos entonces existentes: la iglesia de Santiago y las ermitas de San Pedro y San Nicasio. Pero a lo largo del siglo van a iniciarse importantes construcciones religiosas. La primera de ellas fue la iglesia mayor de Santa María (hoy parroquia de la Asunción ), cuya construcción ocupó toda la primera mitad del siglo. Hacia 1510 comienza la construcción del convento de San Esteban, instalándose poco después en él la primera comunidad franciscana, de cuyo seno iba a salir el impulso para la fundación de las primeras cofradías de penitencia.

            La iglesia de San Francisco estaba terminada hacia 1549 si bien posteriormente las propias cofradías levantaron edificios anexos hoy perfectamente integrados en el templo franciscano. Los frailes, aunque al principio no fueron muy bien recibidos, debido a la carga que suponía para la población la forma de vida mendicante de los franciscanos observantes, se integraron plenamente poco después.

              La implantación de la comunidad en la villa debió suponer por tanto una clara mejora en la atención espiritual a los prieguenses. Enlazando con lo ya dicho sobre la situación de crisis que atravesaba la Iglesia a lo largo de los siglos XV y XVI, digamos que antes de la llegada de los franciscanos, debía reproducirse exactamente en la comarca lo señalado con carácter general; el clero secular, escaso y de baja formación intelectual, hacía que la mayor parte de la población practicara la religión sin guía pastoral, cayendo con frecuencia en prácticas de exaltado rigor como fueron los disciplinantes (tan relacionados con las cofradías de la Vera Cruz ) y en desviaciones doctrinales.

.                Durante los siglos XIV y XV, los monasterios habían caído en la misma crisis que la Iglesia en general, como retratan perfectamente las siguientes palabras: “Muchos abades y priores seguían la corte , dilapidando allí las rentas del monasterio. Otros residían en el claustro pero, con escándalo de sus monjes, llevaban una vida de lujo y de mundanidad, portándose como magnates, con trajes de seda, lacayos, pajes, caballerizas , halcones y perros de caza. Los monjes, mal atendidos, salían fácilmente del claustro, frecuentaban tabernas y otros lugares peores, la vida común apenas existía; se quebrantaba la clausura, se violaban los votos.”          Pero si en algún sector de la Iglesia prendieron pronto y con fuerza los deseos de reforma, éste fue el del clero regular. Ya en el siglo XV surgen reformadores en todas las órdenes religiosas. Entre los franciscanos, comienza en Italia el gran movimiento de la observancia que provocará la división de la Orden entre conventuales y observantes. La reforma se difundió con gran rapidez por España siendo finalmente el Arzobispo de Toledo y fraile franciscano, Francisco Jiménez de Cisneros – el llamado “Cardenal Cisneros” – quien, entre 1494 y 1517, logró implantar la observancia en la mayor parte de los conventos.

            La comunidad que se estableció en la villa de Priego pertenecía a la rama de los observantes y en consecuencia debieron adoptar desde el primer momento un modo de vida, conforme la regla de San Francisco ordenaba, de gran austeridad, renuncia a los privilegios y dedicación al culto y a las prácticas devocionales.

 

García Villoslada, R. y Lorca, B. “Historia de la Iglesia Católica ”. BAC. Madrid, 1987. Tomo III, pág. 524.

 

Nieto Cumplido, M. “Cofradías y Hermandades: los laicos en la reforma de la Iglesia (siglos XIV-XVI)”. En “Córdoba: tiempo de pasión”. Córdoba, 1991. Pág. 17.

 

Nieto Cumplido, M. Op cit. Pág. 17.

 

Pérez, Joseph. “Historia de España”. Historia 16. 1981. Tomo 6 pág.39.

Jedin, H. “Manual de Historia de la Iglesia ”. Herder. Barcelona 1986. Pág. 592.

 

García Villoslada R. y Llorca B. “Historia de la Iglesia Católica ”.- BAC. Madrid 1987.

 

 

 

© lacolumnapriego.es 2007